Organizaciones defensoras de derechos humanos y mujeres nicaragüenses exiliadas en Costa Rica se sumaron a la multitudinaria movilización del 8 de marzo en San José. Con pancartas, consignas y una determinación inquebrantable, alzaron sus voces contra la represión y las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
A más de 500 kilómetros de Managua, las exiliadas denunciaron el control autoritario que mantiene la pareja presidencial en Nicaragua. “Nos han arrebatado nuestro país, pero no nuestra lucha”, expresaron.
Este 8M, sus principales demandas fueron el cese de la violencia contra las mujeres en Nicaragua y la restitución del derecho a la nacionalidad para aquellas que fueron expulsadas o a quienes se les impide regresar.
La feminista María Teresa Blandón denunció que dentro de Nicaragua, el régimen obligó a las trabajadoras del Estado a participar en marchas oficiales para simular un país en calma. “Las mujeres que trabajan para el gobierno no pueden ni siquiera pensar libremente, mucho menos protestar”, afirmó.
El régimen de Ortega y Murillo ordenó estas movilizaciones en todos los municipios bajo el discurso de la co-presidenta Rosario Murillo, quien aseguró que se trataba de una celebración de los supuestos avances de las mujeres en el país. Sin embargo, para las defensoras de derechos humanos, esto no es más que una burla.
Las mujeres indígenas, además de enfrentar la violencia machista en sus comunidades, son víctimas de la invasión de sus tierras por parte de colonos alentados por el régimen. Así lo denunció la líder indígena Brisa Bucardo.
Desde 2017, el gobierno nicaragüense ha prohibido toda forma de protesta y movilización independiente. El 8 de marzo de 2018, un grupo de mujeres fue reprimido por la policía mientras protestaba pacíficamente. En septiembre de ese mismo año, el régimen oficializó la prohibición de cualquier manifestación contraria a sus intereses, permitiendo únicamente marchas partidarias.
A pesar de la represión y el destierro, las mujeres nicaragüenses exiliadas continúan resistiendo y denunciando las violaciones a sus derechos. Este 8M, su grito de justicia se escuchó fuerte en Costa Rica.
