La Congregación religiosa Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, una orden católica con sede en España, anunció su retiro de Nicaragua tras más de tres décadas de presencia en el norte del país.
Las religiosas llegaron a Nicaragua en 1993 y se establecieron en el municipio de Totogalpa, en el departamento de Madriz, al norte de Managua, donde desarrollaron diversos programas pastorales y sociales en acompañamiento a las comunidades locales.
La Arquidiócesis de Managua también confirmó la salida de las religiosas mediante una publicación en sus redes sociales, en la que agradeció el acompañamiento brindado a las comunidades de Totogalpa durante todos estos años.
El comunicado leído por las religiosas fue difundido ampliamente por los medios de propaganda del gobierno de Daniel Ortega, en los que se intentó proyectar una relación de respeto entre el Estado y la congregación.
Sin embargo, la Iglesia católica y sus organizaciones continúan siendo blanco de persecución por parte del régimen de Ortega y Rosario Murillo, enfrentando múltiples restricciones, entre ellas la prohibición de procesiones religiosas, la expulsión de personas religiosas, la detención arbitraria de sacerdotes y el asedio policial permanente a parroquias en todo el país.
“La comunidad católica de Ocotal y su periferia guarda silencio, pero todas las personas conocen la verdad: la vigilancia y el asedio constante de la Policía y del Ministerio del Interior contra sacerdotes y monjas es permanente”, denunció la investigadora en temas religiosos Martha Molina.
Molina agregó que el régimen obliga al cierre de páginas de evangelización y cancela proyectos sociales, incluidos hogares para personas adultas mayores, entre otras acciones represivas, con el objetivo de ejercer un control total sobre la vida religiosa y social del país.
