En medio del creciente costo de los alimentos, un grupo de jóvenes de la zona urbana salvadoreña ha decidido sembrar esperanza con sus propias manos. Frente a los precios que golpean cada vez más la mesa familiar, estas muchachas y muchachos han convertido patios, pasillos y pequeños espacios en huertos urbanos que alimentan, inspiran y despiertan solidaridad.
Su iniciativa no solo cosecha tomates, hierbas y hortalizas, también cultiva dignidad y demuestra que, ante la crisis, la organización comunitaria puede ser el surco donde nace el cambio.
