Con antorchas, batucada y pólvora púrpura: ¡El 8M fue nuestro!

Estábamos ahí presentes por la lucha autónoma de todas las mujeres que pelearon antes que nosotras, todos los derechos, y por nosotras, que ya nunca más estaremos solas.

Fabiola Pomareda García / pomaredagarcí[email protected]

Fue una tarde ventosa la del viernes y detrás del kiosco del Parque Central fue cayendo el sol en medio del estruendo de los pájaros. Todo era ebullición. “Es la marcha de las mujeres”, dijeron unos que pasaron. Una chicas se ponían escarcha púrpura en las mejillas, mujeres terminaban pancartas, todas se abrazaban al encontrarse. 
 
Ya son tres 8M en Costa Rica. Esperada por muchas llegó esta tercera jornada de movilización, en el marco del Día Internacional de las Mujeres. La consigna esta vez fue “Más juntas que nunca”, y de acuerdo con el colectivo de Ni Una Menos Costa Rica, “refiere a la historia de las mujeres, marcada por la desigualdad y la violencia en sus distintas manifestaciones; pero también relata la rabia organizada y la sed por alcanzar un mundo mas justo”. Ni una Menos fue uno de los grupos organizadores junto con numerosos colectivos.

De fondo sonaban las campanas de la Catedral. De frente, cientos de mujeres exigían equidad, igualdad de oportunidades, igualdad de derechos.

Para recuperar la parte histórica de la esencia de esta fecha: el 8 de marzo de 1857 miles de trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York, Estados Unidos, organizaron una marcha en contra de las condiciones inhumanas de trabajo y los sueldos bajos. La policía las dispersó a macanazos y dos años después ellas crearon su propio sindicato. El 19 de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer en varios países de Europa, reclamando el derecho al voto y los derechos políticos de las mujeres. El 25 de marzo de 1911 más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría migrantes, murieron carbonizadas en el trágico incendio de una fábrica de blusas en Nueva York, pues trabajaban encerradas y sin salidas de emergencia. Esto tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral para las mujeres. 

Volviendo al presente, los grupos se fueron acomodando a lo largo del boulevard. Había una gran diversidad de mujeres, todas venidas de distintas experiencias pero reconociendo que esta es una lucha colectiva. Pañuelos verdes en el cuello; pañuelos morados en las manos. Arrancó la Marcha del 8M contra todas las formas de opresión. Las había con pancartas, con antorchas, con sombreros de bruja, en monociclo, con megáfonos y hasta en un “tuc-tuc” rojo. Y todas tenían muchas ganas de gritar:

“Basta ya del Opus Dei, persiguiendo a los gays,
Iglesia nunca más, persiguiendo a las trans,
atención, basta ya de represión, de la Santa Inquisición,
basta ya de las sotanas, persiguiendo a las lesbianas”

La rabia y la indignación han inundado el país últimamente por las denuncias de abusos sexuales por parte de sacerdotes y el encubrimiento de la iglesia. En los últimos 10 años, un total de 29 sacerdotes de iglesias católicas fueron denunciados por cometer actos de abuso sexual, la mayoría contra menores de edad.

De igual forma, el destape de la violencia sexual supuestamente cometida por el expresidente Óscar Arias, que enfrenta dos denuncias penales por delitos sexuales y varios testimonios de mujeres que afirman haber sido abusadas y hostigadas.

Esa rabia se manifestó en las consignas contra la Conferencia Episcopal, contra el sistema, contra los “machos”. Un ejemplo fueron las piñatas contra el patriarcado, como un simbolismo de todo con lo que quieren acabar, el dominio masculino sobre nuestros cuerpos, decisiones, vidas.

Otro ejemplo fue el performance de las chicas de negro, que luego se envolvieron en unas mantas rojas y se transformaron en ataúdes sobre el asfalto. Ellas simbolizaban los femicidios, esos viles asesinatos que no se detienen y de los que estamos hartas. Como dicen las de Ni Una Menos: “Nuestros cuerpos y vidas importan; no somos material de desecho ni de eliminación sistemática”.

Porque ayer encontraron a otra. Joven de 25 años es hallada asesinada en su apartamento en Sabana Sur. Y el mismo 8 de marzo un hombre mató a su esposa a puñaladas frente a sus tres hijos menores de edad. Luego intentó escapar y una turba de vecinos en Desamparados lo vapuleó hasta matarlo.

Así que este 8M las mujeres salimos a la calle para denunciar todo esto y para mostrar solidaridad entre nosotras, construyendo, desmontando y volviendo a aprender unas de otras. Organizándonos para acabar con el enemigo común. Este 8M fue para tomar el espacio público porque también es nuestro. Porque se sentía tan bien tener toda la Avenida Segunda para correr, saltar, gritar, sin miedo, sin acoso, sin miradas, sin juicios. Tan sólo en libertad.

“Poder, poder, poder popular;
y ahora que estamos juntas, y ahora que sí nos ven;
abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer;
arriba el feminismo, que va a vencer, que va a vencer”